El Correntíu

Casa Rural


LA GÜESTIA

Son una especie de ángeles de la muerte, que tienen la misión de cortar el cordón de plata que une a la persona a la tercera dimensión, y de trasladar el alma del desencarnado a la dimensión donde nace a otra forma de vida.

La noche es el dominio de la Güestia, Guéstica, Bona Xente o la Santa Compaña, que también se denomina así.

Su nombre viene del latín “hostis antiquus”, ejército de demonios, enemigo antiguo, aunque su origen parece que es celta y en común
a todos los pueblos del Norte.

La Güestia
La Güestia Son las manifestaciones incorpóreas de los difuntos o de gente que va a morir. Son de carácter errante y fantasmal. De vez en cuando les dan mensajes a los vivos, hablando. Se dice también que son almas que no encontraron el descanso en el más allá. Pueden aparecerse en el campo abierto o cerca del mar. Si van detrás de una persona viva es que va a morir. Si entra en casa de un enfermo o coge la mano a alguien, también
son acciones que indican que esas personas van a morir pronto.A veces hacen a las personas vivas devolver cosas robadas, o poner en su sitio
los mojones que movieron, o algunas acciones malas que hicieran<
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Las llamas son sus atributos y, a veces, esa iluminación se da porque llevan un hueso en la mano asemejando una vela. Si no las ves pueden empujarte a un lado para poder pasar. Se desconjuran haciendo un cerco en el suelo con una vara de avellano y metiéndose en él.

Representa el miedo a la muerte y a los muertos. Es también, contrariamente, el deseo de supervivencia mezclado con el presagio de futuras muertes.

Una de las creencias más arraigadas es la de la cabalgata nocturna de las almas de los difuntos, procedentes del mundo clásico, del Averno.
La Güestia
La Güestia En Llibardón una aldea de Colunga, vivía Griselda, que era una magnífica costurera. Encargos no le faltaban, y en ocasiones se iba a hacer todos los trabajos de costura de una casa. Estaba trabajando en una casa del Eslayo, cuando se hizo tarde para volver a su casa. Así que Griselda marchó de noche. Al llegar al primer cruce del camino vio unas luces verdosas que avanzaban hacia ella. La procesión avanzaba con una mezcla de cánticos y lamentos. Griselda comenzó a extrañarse, aquel no era el párroco del pueblo, ni conocía a nadie de aquella gente que cada vez eran más y más. El susto se le metió en el cuerpo cuando de pronto una figura blanca y de pálido rostro se le acercó diciendo.
-Soy tu tío Pedro. ¿No me reconoces?. Toma-

Y le puso en la mano una vela.
Cuando Griselda la cogió se dio cuenta que no era una vela sino un hueso humano encendido.

Cuando los vecinos la encontraron al día siguiente en el camino, sólo pudieron oír sus últimas palabras:
-Era la Güestia, Era la Güestia…

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