El Correntíu

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la sirena


LA SIRENA

Este mito asturiano al contrario del griego es benéfico. La sirena sirve de guía, de ayuda, protege y alienta a los pescadores en sus largas noches de faena con sus bellísimos cantos, imantando las aguas y el alma de los pescadores de su serenidad.

La sirena de la mar
Es una moza gallarda
Que por una maldición
La tiene Dios en el agua

Dicen que la sirena fue una moza de un pueblo costero linda como el sol, esbelta y cantarina. Era tan aficionada a saltar entre las peñas para recoger mariscos que traía a su madre como loca, ya que la muchacha no paraba ni un momento en casa. Así que un día su madre harta ya le dijo:

-¡Así permita Dios que te hagas pez!

Y al meterse la muchacha esa tarde en el agua para coger percebes, sintió que tenía ganas de nadar. Al tirarse al agua para hacerlo vio que sus piernas estaban hechas cola, se tocó las escamas y dio un grito. Al principio se asustó; pero después encontró mucho más divertida su nueva condición. Saltando y nadando entre las rocas, burlándose de los hombres, y alentando a los buenos marineros con sus dulces canciones.

Dice la tradición que en Luarca una sirena se enamoró del capitán de un barco vikingo, y tuvo un hijo de él. Abandonada la sirena por el navegante y sola, ella murió de tristeza dejando a su hijo en una roca. Supiéronlo tres gaviotas y volaron para coger el niño hasta llevarlo a la torre de la iglesia de Santa Eulalia. Con sus graznidos despertaron al sacristán y a las gentes que terminaron por adoptar al niño. El niño creció y se hizo un fuerte mozo que marchó a pelear contra los moros en Portugal, donde se casó con una joven, y se convirtió en noble caballero, adornando su escudo con tres gaviotas blancas.

Representan la fantasía, lo desconocido, el miedo a la soledad y a los espacios grandes, el valor.

 

La Sirena